jueves, 1 de septiembre de 2016

Una tregua, por favor.




Los prejuicios, y es bien sabido, son difíciles de erradicar del corazón de aquellos que nunca han fertilizado su educación. Crecen allí, firmes como malas hierbas entre rocas. 
Charlotte Brönte.
 
Y es que una acaba harta. Harta de ver como nos movemos a base de prejuicios, generalizaciones, ideas preconcebidas y, por qué no decirlo, muy mala leche. Después de los dos últimos libros que he leído soy más consciente de que nuestra sociedad (es decir, nosotros, los individuos) muchas veces nos dejamos arrastrar por ellas, por estas ideas dañinas y mezquinas. Estos libros me han hecho reflexionar mucho y ver como yo misma caigo en esos mismos errores contra mí y contra los demás  -aunque intente evitarlos por todos los medios-, y, por supuesto, yo misma los sufro en carne propia. Que levante la mano el primero que piense que está libre de prejuicios, me gustará conocer a ese alma pura, debe haber pocas en este mundo. Por ello pido una tregua, por favor. 

Los prejuicios son la razón de los tontos. Voltaire.
 
Tanto "El vendedor de sueños" de Augusto Cury como "La tregua" de Mario Benedetti, demuestran los estúpidos que podemos llegar a ser los seres humanos. Y no sólo ellos. El mundo en el que vivimos nos proporciona ejemplos constantes de lo absurdo de las ideas que a veces tenemos en la mente. 

Las generalizaciones que tanto están perjudicando el buen entendimiento entre las personas de diferentes culturas, son una muestra de lo que quiero expresar. Por supuesto me refiero a muchas de las actitudes que vivimos hoy en día con la tragedia de las personas que están huyendo como un chorro constante de la guerra, de la muerte, y del hambre: "vienen a quitarnos el trabajo", "nos transmiten enfermedades", "todos los del turbante son terroristas" o mi preferida: "nosotros no tenemos nada qué ver con lo que les pasa" ("a mí que no me miren", en resumen). Señores, la famosa globalización no sólo se refiere a Internet. Las decisiones económicas, políticas y geo-estratégicas nos afectan a todos, a todos los seres humanos de este planeta, te llames Omran o José.

En fin, podría seguir escribiendo infinitamente sobre esto con el corazón clamando por ello, pero mientras nuestros supuestos "líderes" (y no sólo hablo de los políticos) favorezcan el racismo, la xenofobia, la discriminación, y las demás lacras que hacen sucumbir a nuestra sociedad, lo único que podemos hacer es educar a las próximas generaciones libres del miedo a lo diferente, porque amigos... ¿Quién no es diferente?  Nuestro ejemplo vivo, libre de ideas preconcebidas será el mejor modelo para nuestros hijos. Creemos un mundo mejor.

Cuando estamos vacíos de ego, nosotros también podemos aceptar tranquilamente los eventos variables de la vida. Cuando dejamos de hacer distinciones llenas de prejuicios -manso o áspero, bonito o feo, bueno o malo - una quietud pacífica permeará nuestra mente. Han Shan.

Pero no sólo me refiero a los prejuicios que ahogan nuestro mundo (lo ahogan y lo aniquilan) sino a aquellos que vivimos en el día a día: gordos, flacos, feos, guapos, mujeres, hombres, mayores, viejos, malolientes, etc., etc., etc. ¿Cuántas veces al día podemos dejarnos llevar por una o varias de estas ideas? Y, como decía antes, no sólo los emitimos hacia los demás, muchas veces somos terriblemente crueles con nosotros mismos. 

¿Qué es un prejuicio? Por su definición es "una opinión preconcebida, generalmente negativa hacia algo o alguien" -y yo añado- obtenidas en base a detalles superfluos que no dicen nada de quienes somos realmente. 
 
El más peligroso de nuestros prejuicios es el que reina en nosotros contra nosotros mismos. Hugo Von Hofmannsthal. 

¿Porqué un persona de cierta edad está casi fuera del mercado laboral?¿No tiene la misma valía o incluso muchísimo más que un joven principiante? ¿Porqué una mujer con sobrepeso no puede ser atractiva?¿Porqué las propias mujeres damos una caña tremenda a las de nuestro mismo género con el tema del físico? ¿Porqué nos damos una caña tremenda a nosotras mismas? ¿Porqué una persona mayor no puede seguir disfrutando del sexo como una joven?¿Porqué un anciano no puede tener aún esperanzas y sueños? Y así un sinfín de preguntas que sacan a la luz los libros que arriba mencionaba. Dos ejemplares que hacen reflexionar sobre cómo funciona nuestra mente, el perjuicio que nos provocamos a nosotros mismos y a los que nos rodean dejándonos llevar por estas ideas basadas en razonamientos erróneos y torpes. 

Y yo, que últimamente intento mirar más hacia el interior de mis entrañas y preocuparme de lo que puedo controlar (lo que de mí depende), pienso que si tuviésemos más en cuenta a la otra persona, a lo que nos aporta, a su experiencia, a su bondad, a sus intereses, a sus intenciones, a su apoyo, a sus conocimientos, a su amor... En definitiva, a la PERSONA, y no al conjunto de detalles exteriores y etiquetas que son sólo eso, etiquetas, nuestra vida sería mucho más enriquecedora y hermosa.

Sin duda, todo esto debe de empezar en uno mismo, debemos "revisarnos" siendo conscientes y honestos, para que estos prejuicios no nos alcancen, para que seamos suficientemente inteligentes para pensar con claridad, y sobre todo, para querernos más y mejor a nosotros mismos y a los que nos rodean.

Por eso estoy hablando con usted. Usted es una de esas raras personas que son capaces de separar sus observaciones de sus prejuicios. Usted ve lo que es, mientras que la mayor parte de la gente ve lo que espera ver. John Steinbeck.

Para terminar, recomiendo con firmeza la lectura de los libros que he comentado, sobre todo de "La tregua", una joya literaria, una obra maestra sobre la realidad humana. Inmenso Benedetti, bendito Benedetti y los libros que te ayudan a reflexionar, a ser mejores personas, a crecer.

Démonos una tregua, seamos felices, seamos generosos, hagamos un mundo mejor.