jueves, 26 de mayo de 2016

Siddharta y la grandeza de la sencillez



No creo en nuestra ciencia, ni en nuestra política, ni en nuestra manera de pensar, y no comparto ni uno solo de los ideales de nuestro tiempo. Pero no carezco de fe. Creo en las leyes milenarias de la humanidad, y creo que sobrevivirán a toda la confusión de nuestra época actual… Creo que, pese a su aparente absurdo, la vida tiene un sentido. 
Hermann Hesse


Después de leer Siddharta estas palabras de su autor adquieren un mayor significado; es necesario leerlo para comprénderlas en su plenitud. Desde el primer instante en el que tuve este libro en mis manos supe que escribiría sobre él. Esta entrada está en mi imaginación desde ese momento, y creo que es la más difícil que he escrito hasta ahora. Muchas ideas se agolpan en mi mente donde he guardado emociones, sensaciones, sentimientos... Y formas de empezar. No sé cuál elegir, por lo que voy a comenzar varias veces... Así es la vida ¿no? Comenzar y recomenzar.

Inicio #1. El hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma.

Siddharta llegó a mi vida en el momento preciso, en el segundo perfecto. Un día en el que el suelo parecía que se movía bajo mis pies busqué, como muchas otras veces, palabras de calma y serenidad en los libros. Lo tengo desde hace mucho tiempo pero parece que los clásicos siempre nos van a esperar discretos, silenciosos en las estanterías, hasta que son rescatados... Y despliegan su magia. 

Siddharta es una de las novelas más leídas en todo el mundo. Publicada en 1922 por el Premio Nobel Hermann Hesse (1877-1962)  asombra por como 94 años después de su aparición, continúa dando respuesta a la mayoría de las preguntas que los seres humanos nos hacemos a lo largo de la vida. Quizás por eso, Siddharta conmueve hasta límites insospechados. Con sus 150 hojas demuestra que no hacen falta más para escribir sobre lo que realmente importa. Un lenguaje sencillo y lleno de poesía lo convierten en un libro fácil y ameno de leer.

Inicio #2. Enamorarse de un personaje de cuento. 

Probablemente nunca me haya sentido tan identificada con un personaje ficticio como con Siddharta. Identificada y comprendida. Su nombre se instaló con comodidad en mi mente desde el primer instante en que empecé a leerlo. La búsqueda del sentido de la vida, del ansia por encontrarse consigo mismo, de resolver las cuestiones esenciales de la existencia humana es lo que mueve a Siddharta en su recorrido vital conformando el centro de la novela. Y estoy segura que en esa inquietud, en esa búsqueda de respuestas, más de un lector se sentirá tan identificado como yo. Sin duda, en ello radica su perpetua actualidad tanto en Oriente como en Occidente. Al final, los seres humanos apenas nos distinguimos unos de otros, anhelamos lo mismo, y el éxito de esta brillante historia en todos los rincones del planeta, así lo confirma. 

Sin embargo, Siddharta no me ha revelado nada nuevo. Mi fascinación por él radica en que ha corroborado, una por una y de una forma especial, la mayoría de las verdades en las que yo siempre he creído. La sociedad en la que vivimos nos hace olvidar los aspectos realmente importantes, nos envuelve en un consumismo voraz que nos aleja de lo esencial: la espiritualidad del ser humano.

Inicio #3. La humildad de un grande de la literatura.

Siddharta es, en mi opinión, un libro humilde en su forma, e incluso podría decir, que en su contenido. Hesse plasma sus conclusiones sobre su visión de la vida. No intenta dar lecciones y eso se aprecia en el estilo en el que está escrito. El autor se centra en reflejar valores tan importantes como la amistad, la verdadera amistad que te acompaña a la largo de la vida con compresión, aceptación y amor. O que la felicidad no se encuentra en las riquezas, o en el poder, sino en la vida sencilla que nos acerca a nuestro yo espiritual.

No sé si Hermann Hesse pensó en el éxito que tendrían sus palabras más allá del tiempo y las fronteras, pero da la sensación de que no ambicionaba escribir una obra maestra de la literatura, sino en enviar un poderoso mensaje a sus semejantes. En la sencillez de esta novela, probablemente, es donde radica su potencia y su belleza.

Inicio #4. Escribir sobre lo que conmueve.

Cuando me preguntan por qué hacía tiempo que no escribía en el blog siempre explico que es debido a que no me marco un calendario. Simplemente espero a encontrar algo que me conmueva, que agite mi alma para que puedan salir las palabras y expresar las sensaciones que me ha causado, sin prisas. Y este libro, que se ha convertido en mi preferido, ha atravesado mi alma, sencillamente.

Es recomendable leerlo con un lápiz en la mano. Hay párrafos tan llenos de verdad y belleza que los he subrayado para releerlos de vez en cuando, aunque tampoco descarto volver a leer el libro entero en cualquier momento:

"... Sabes que lo blando es más fuerte que lo duro, que el agua es más potente que la roca, que el amor es más vigoroso que la violencia".

"¡Ciertamente, ninguna cosa del mundo me ha obsesionado tanto como este mi yo, este enigma de vivir: que soy un individuo separado y aislado de todos los demás, que soy Siddharta!¡Y de ninguna otra cosa del mundo sé tan poco como de mí, de Siddharta!"

Un libro de autoayuda de casi cien años.

Siddharta me ha recordado mucho a los libros de autoayuda que están tan de moda en nuestro tiempo porque habla de lo que nos importa a todos: la felicidad, el amor, el encuentro consigo mismo. Y lo siento por los "gurús" de la felicidad pero todo está inventado ya. En mi opinión lo que ocurre es que pocos de nosotros interiorizamos la "verdad". Nos despistamos con deseos y ambiciones que nos alejan de lo que nos hace felices: "El amor, Govinda, me parece que es lo más importante que existe", dice Siddharta a su amigo. Parece que necesitamos que nos lo repitan a lo largo de la historia para que no se nos olvide, para que no caigamos en la necedad y en la ceguera.  

Estoy de acuerdo con Siddharta en que "las palabras no expresan bien los pensamientos: en cuanto se pronuncia algo, ya cambia un poquito, se distorsiona, pierde sentido. Y también esto es bueno y me parece justo, que la sabiduría y tesoro de una persona parezca necedad y locura a otra". Cuento con que existan personas que ya hayan leído esta novela y no sientan lo mismo que yo. Cuento con que futuros lectores no experimenten las mismas sensaciones que yo. Pero invito no sólo a leer este libro sino a vivirlo, a experimentarlo. A empezar el camino... porque como a él, a Siddharta, puede costarnos toda la vida encontrar las respuestas.


"A mí, únicamente me interesa poder amar a este mundo, no despreciarlo; no odiarlo ni aborrecerme a mí mismo: a mí sólo me atrae la contemplación del mundo y de mí mismo, y de todos los seres, con amor, admiración y respeto".
Siddharta, Hermann Hesse