domingo, 30 de agosto de 2015

Y al final... siempre tú.



¿Y conseguiste lo que querías de esta vida?
Lo conseguí.
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme amado en la tierra.

Raymond Carver.


Un verano con menos vacaciones de las que desearía me ha hecho, al menos, aprovechar para leer y disfrutar de la literatura como nunca. He leído algunos grandes clásicos que tenía pendientes, algún best-seller que me recuerda que no debo caer en las redes del marketing (¡Maldita sea!) e incluso algún que otro Premio Nobel de Literatura. Y todo este cocktail de libros y autores me ha hecho reflexionar... Bastante.

Marketing vs literatura.

Me indigno conmigo misma cuando me dejo atrapar por las campañas de publicidad y, aunque hay que reconocer que a veces aciertan, muchas otras son para mi escaso tiempo, fracasos estrepitosos. Me pasó con "Open" de André Agassi y me ha vuelto a pasar con la obra de la que todo el mundo habla últimamente sobre un abuelo que huye al cumplir cien años. Entretenido si acaso... Una magnífica campaña publicitaria detrás y una idea original, y punto. 

Sin embargo, en contraposición, tenemos esos enormes y gigantescos magos de las letras que seguramente nunca conozcamos a no ser que su nombre suene al haber recibido algún premio o algún amigo/a literato (y "rarito") nos lo recomiende. Quizás sea mi incultura, pero he buscado la lista de los últimos Premios Nobel de Literatura y antes de que su nombre me resultará familiar por recibir este galardón, eran absolutamente desconocidos para mí: Patrick Modiano (2014), Alice Munro (2013), Mo Yan (2012), Tomas Tranströmer (2011), etc. Y a mí me da rabia. Rabia porque tendría que buscar más, indagar más sobre lo que se cuece en el mundo literario de verdad, en el profundo y sensible, en el que maneja impecablemente las palabras, y te emociona, y te deja sin respiración... Mi tiempo y yo preferimos leer de lo "bueno", de lo que deja huella y necesito como respirar.

Wilde, Kundera, Ishiguro, Kafka, Sagan, Munro o Kerouac, entre otros, han estado en mis manos y los he disfrutado en mayor o menor medida. Oscar Wilde, sus florituras con el lenguaje y su particular análisis de la belleza en "El retrato de Dorian Gray"; Milan Kundera y la búsqueda del amor de "La insoportable levedad del ser"; Franz Kafka y "La metamorfosis", me han dejado extasiada, quiero saberlo todo de él; Alice Munro y uno de sus libros de relatos, "Amistad de juventud", me han emocionado descubriendo un mundo donde las mujeres y sus vidas son las protagonistas; y, por encima del resto, Jack Kerouac y "En el camino". Este último libro es el que más me ha gustado con diferencia. Una historia directa, dura, emocionante y, para mí, a la vez hermosa como pocas. 

También he leído un  libro diferente: "Cuéntalo bien", de Ana Sanz Magallón, para aprender a escribir decentemente. En este libro la autora incide en que todas las historias tienen en común la búsqueda de la felicidad y, por tanto, del amor - o viceversa -. Puede sonar cursi, pero si lo pensamos, si lo piensas y lo analizas un poco, esto es así. Sea la historia que sea y esté escrita con el lenguaje que sea, o en distintas épocas. La búsqueda de la felicidad y el amor es lo que he leído este verano escrita desde muchos puntos de vista. Al fin y al cabo, es lo que buscamos todos los seres humanos, con menor o mayor fortuna... 

Siempre tú

Lo último que he terminado de leer hoy mismo ha sido un libro de relatos de Kazuo Ishiguro: "Nocturnos. Cinco historias de música y crepúsculo". Ishiguro es un grande de las letras inglesas. Nacido en Nagasaki pero criado en Londres desde los seis años. Sobre todo es famoso por la obra "Lo que queda del día" que fue llevada a la pantalla por Anthony Hopkins y Emma Thompson. Peliculón. El libro es ameno y  el relato "Violonchelistas" me ha encantado, pero algo le falta, algo de emoción... Y es que tengo un problema cuando leo un libro de relatos... La sombra de Raymond es demasiado alargada. Os cuento...

Creo que recordaré siempre la primera vez que leí su nombre y un relato suyo. Las cosas importantes y que me llegan al alma las recuerdo con todos los detalles. Fue el verano pasado. Me envió el relato "Principiantes" un gran amigo por email y me decía algo así como "aún estoy flipando". Lo empecé a leer pero enseguida me dí cuenta que no le hacía justicia leyéndolo en ese momento. Lo dejé para la noche, cuando leo más concentrada y puedo disfrutarlo más. Sería exagerado decir que me cambió la vida, pero sin duda me descubrió una nueva literatura: Directa, pura, emocionante, brutal, de la que no puedes parar de leer. Raymond Carver (1938-1988) y ese relato supusieron un antes y un después en mi forma de entender la literatura. No había leído nada parecido antes, nada que me dejase con el corazón palpitando con fuerza en cada final. Carver interacciona perfectamente con el lector, juega contigo y te hace pensar, como si lo tuvieras al lado. "¡Vamos, piensa!" parece que te susurra al oído... Sus finales son brillantes, magistrales y únicos. 

He leído bastante de Raymond pero es que pienso leérmelo todo. Carver, principal figura del realismo sucio norteamericano, escribió, sobre todo, relatos pero también poesía. Si buscas información sobre él, le mencionan como el mejor escritor de cuentos del siglo junto a Anton Chéjov, al que Raymond admiraba profundamente y le dedicó el soberbio relato "Tres rosas amarillas". 

"Principiantes", "Catedral" y "Tres rosas amarillas"- mi preferido- están formados por relatos escritos con un lenguaje tremendamente sencillo y esto es algo que admiro en lo más profundo. Me he quedado muchas veces releyendo un párrafo, analizando las palabras y observándolas, buscando la fórmula que Carver usa para transmitir tanto. Pero no la he encontrado, los magos no desvelan sus trucos. La sencillez de las palabras que usa, tejiéndolas de una forma indescriptible y mágica hace que te emociones de forma irremediable... Y claro, luego quieres más de lo mismo. Y lo buscas en todas partes y lo comparas. Y al final... siempre Carver, siempre él.

Pero desde la primera a la última palabra de esta entrada constituyen mis propias opiniones subjetivas, desde mis emociones y sensibilidades. Seguro que a mucha gente Carver no le llega, no le transmite o no le dice nada. Y sin embargo ha llorado desconsoladamente con Ishiguro. Desde aquí, únicamente me gustaría invitaros a descubrir nueva literatura de vez en cuando, a parte de la que nos venden "en el mercado", a leer cosas nuevas, a salirnos del camino marcado, a aprender, a buscar la emoción y también a compartirla...

Murakami, que ya me está esperando, tiene una frase con la que acabo esta vez:

"Si sólo lees lo que todo el mundo está leyendo, sólo puedes pensar lo que todo el mundo está pensando".

Y estoy totalmente de acuerdo con él.

Gracias por leerme, un abrazo.

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Dedicado especialmente y con todo mi cariño a mis amigos literatos y "raritos" que me han descubierto tanta buena literatura. Si no hubiese sido por vosotros probablemente me la hubiera perdido. Gracias infinitas. Muchos besos, María y Salva.



Enlaces de interés:
 
Algunos relatos, incluido "Tres rosas amarillas":